Si para vivir tenés que pedir permiso, tu vida está alquilada

Querés ir al médico: permiso. Querés ir al acto de la escuela de tu hijo: permiso. No te sentís bien y necesitás parar: permiso. Te casás, te mudás, tenés un trámite importante: permiso.

Y lo más peligroso no es que eso pase. Lo más peligroso es que lo normalicemos.

Porque cuando tu tiempo necesita aprobación, no es tuyo.

Y si no es tuyo, no sos libre: te pagan por tu disponibilidad. Y vos lo pagás con la parte más cara de tu vida.

 

El permiso no es un detalle, es la prueba.

Mucha gente cree que el problema es el jefe. Que si cambiás de empresa o conseguís un líder “más humano”, o te toca un equipo “más flexible”, se arregla.

A veces mejora. Sí.

Pero el punto de fondo sigue siendo el mismo, porque no es personal. Es estructural.

En relación de dependencia, tu vida entra en modo solicitud.

  • Tu salud se coordina.
  • Tu familia se negocia.
  • Tu descanso se justifica.
  • Tus límites se “conversan”.
  • Tu energía se administra… pero no por vos.

Y ojo: no estoy diciendo que trabajar ...

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