Querés ir al médico: permiso. Querés ir al acto de la escuela de tu hijo: permiso. No te sentís bien y necesitás parar: permiso. Te casás, te mudás, tenés un trámite importante: permiso.
Y lo más peligroso no es que eso pase. Lo más peligroso es que lo normalicemos.
Porque cuando tu tiempo necesita aprobación, no es tuyo.
Y si no es tuyo, no sos libre: te pagan por tu disponibilidad. Y vos lo pagás con la parte más cara de tu vida.
Mucha gente cree que el problema es el jefe. Que si cambiás de empresa o conseguís un líder “más humano”, o te toca un equipo “más flexible”, se arregla.
A veces mejora. Sí.
Pero el punto de fondo sigue siendo el mismo, porque no es personal. Es estructural.
En relación de dependencia, tu vida entra en modo solicitud.
Y ojo: no estoy diciendo que trabajar ...