Si para vivir tenés que pedir permiso, tu vida está alquilada

Querés ir al médico: permiso. Querés ir al acto de la escuela de tu hijo: permiso. No te sentís bien y necesitás parar: permiso. Te casás, te mudás, tenés un trámite importante: permiso.

Y lo más peligroso no es que eso pase. Lo más peligroso es que lo normalicemos.

Porque cuando tu tiempo necesita aprobación, no es tuyo.

Y si no es tuyo, no sos libre: te pagan por tu disponibilidad. Y vos lo pagás con la parte más cara de tu vida.

 

El permiso no es un detalle, es la prueba.

Mucha gente cree que el problema es el jefe. Que si cambiás de empresa o conseguís un líder “más humano”, o te toca un equipo “más flexible”, se arregla.

A veces mejora. Sí.

Pero el punto de fondo sigue siendo el mismo, porque no es personal. Es estructural.

En relación de dependencia, tu vida entra en modo solicitud.

  • Tu salud se coordina.
  • Tu familia se negocia.
  • Tu descanso se justifica.
  • Tus límites se “conversan”.
  • Tu energía se administra… pero no por vos.

Y ojo: no estoy diciendo que trabajar ...

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Cómo emprender sin dejar tu trabajo

Hay una creencia que frena a muchísimas personas antes de empezar.

"Cuando renuncie, me voy a poder dedicar a esto de verdad."

Suena lógico. Y también te deja sin piso.

Pero, además, casi siempre es el camino más difícil, más riesgoso y más innecesario.

La realidad es que las mejores transiciones profesionales que vi en años de trabajo no empezaron con una renuncia.

Empezaron en paralelo, con método, mientras la persona todavía tenía el respaldo de su trabajo.

En este artículo te muestro cómo pensar esa transición sin renunciar por impulso, y qué decisiones conviene tomar primero para no saltar al vacío.

 

Por qué emprender sin renunciar es (casi siempre) mejor

Mario trabajaba en una mega empresa de tecnología. Un trabajo que lo había entusiasmado durante años y que, de a poco, había dejado de tener sentido.

Esperaba los viernes con ansias. Los domingos a la tarde se bajoneaba. Solo esperaba que se hiciera la hora para volver a casa.

Quería dedicarse al counseling, algo que ...

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Cómo cambiar de vida después de los 40

Si tenés 40 años, sos mujer y trabajás en una empresa, te quedan aproximadamente 20 vacaciones en tu vida laboral. Si sos hombre, 25.

¿Lo habías pensado así?
Leelo de nuevo.

20 veranos.
20 momentos de desconexión.
20 oportunidades de hacer lo que querés durante unos días antes de volver a la rutina.

¿Te alcanza?

Si la respuesta es no, este post es para vos. Porque cambiar de vida a los 40 o 50 no es una crisis. Es una decisión.

Y empieza por entender que el costo de no cambiar también existe, aunque sea más silencioso.

 

Lo que nadie cuenta del trabajo "estable".

La estabilidad tiene un precio que no aparece en el recibo de sueldo.

Son los domingos a la noche con angustia. Los cumpleaños de tus hijos a los que llegás tarde. Las consultas médicas que postergás porque no querés pedir permiso. El entrenamiento que abandonaste porque no tenés energía cuando salís de trabajar. Las charlas con tu pareja que se acortan, porque el cansancio del día te superó.

Eso no es vida laboral. E...

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Quiero salir de la corpo pero no sé cómo

Hay una conversación que mucha gente tiene consigo misma, en silencio, hace años.

"Quiero salir del mundo corporativo. Pero no puedo."

No porque no tengan las ganas. Las tienen. No porque no tengan la capacidad. La tienen de sobra. Sino porque el costo de salir parece demasiado alto. El sueldo, la medicina prepaga, el aguinaldo, la estabilidad. Y algo más difícil de nombrar: la identidad. ¿Quién sos cuando dejás de ser "el gerente de", "la directora de", "el responsable de"?

Y en el medio de ese ruido interno, los años pasan. Especialmente después de los 45, cuando la experiencia está en su punto más alto, pero la ventana para hacer algo propio parece que se va cerrando.

 

El miedo real no es al fracaso. Es a la pérdida.

Diego pasó toda su vida profesional en empresas grandes. Tuvo puestos regionales, vivió en otros países, se movió donde el trabajo lo llevaba. En tecnología, ese era el ritmo normal.

Pero tenía un sueño que nunca había podido concretar: hacer lo mismo por su...

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¿El mundo corporativo te tiene atrapado?

Tener la intención de cambiar de vida no es lo mismo que haberlo decidido. ¿Cuáles son los mecanismos que no te dejan dar el salto?

Hace unos días me reuní por primera vez con una cliente que quiere una carrera independiente. "Me cuesta pensar en cambiar porque no tengo ninguna seguridad de que me va a ir bien", me dijo. “Leí tu eBook sobre encontrar la idea de negocios y estuve hablando con algunos clientes potenciales, pero nadie me llamó todavía”.

“Ya te van a llamar cuando estés lista”, le respondí. Estoy muy segura. Porque lo único que le está faltando a mi cliente es la decisión real de querer cambiar.

Sucede que frente a la opción de quedarse en una carrera construida en una organización durante más de dos décadas, o dar un salto hacia lo desconocido aunque represente una vida mejor, es muy probable que la primera opción sea la que gane. Mi cliente todavía no está en “modo autónomo”. Eso es evidente para mí sólo con conversar con ella.

Si se queda donde está:

  • Significa so
  • ...
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