Porque es real, porque tuvo momentos feos, y porque del otro lado apareció algo que cambió todo.
El encierro me encontró sola en un departamento en un piso 10 de Buenos Aires. En una ciudad donde el aislamiento fue de los más largos y estrictos del mundo.
Cumplí 50 años en plena pandemia, celebrando por Zoom como casi todos, sintiéndome muy lejos de las personas que quiero.
Pero laboralmente fue un estallido. Me hice conocida en TikTok. Cientos de mensajes por día. Gente agradecida, gente que florecía. Coacheé más que nunca en mi vida, porque todos estaban en sus casas y tenían tiempo. La conexión me salvó durante el encierro.
Los dos años que siguieron mantuve ese ritmo. Hasta que a fines de 2022, me tomó por sopresa una mala noticia de salud. No voy a dar detalles, pero son esas cosas que te dan vuelta todo. Que te hacen replantear qué importa y qué no.
Por suerte todo salió bien. Pero yo ya no era la misma.
Como soy de las que adoptan rápido todo lo nuevo, lo empecé a usar desde el primer día. Lo probé, lo exploré, entendí qué era.
Y supe que se venía otra revolución.
No era la primera vez que lo sentía. 20 años antes había estado en Silicon Valley cuando internet explotaba. Cuando Yahoo era la empresa del momento y trabajar ahí te convertía en rockstar.
Vi desde adentro cómo una tecnología lo cambia todo, cómo transforma industrias enteras, cómo divide el mundo entre los que se suben y los que se quedan mirando.
Con la IA pasaba lo mismo. Estaba clarísimo.
El problema era que yo todavía no encontraba mi lugar en eso.
Me recuperé.
Pero lo físico fue lo más fácil. Lo mental tardó mucho más.
Algo había cambiado adentro. Ya no me importaban las mismas cosas. Ya no quería seguir entregando Monetiza tu Magia como lo venía haciendo. Sentía que el canal había quedado un poco obsoleto, que era difícil de escalar, que llegaba a pocas personas.
Y yo no puedo vender algo desde un lugar que no sea íntegro. No puedo promocionar algo que no me convence del todo.
Entonces paré de difundirlo. Lo dejé activado, pero decidí no comunicarlo más hasta tener resuelto un nuevo formato.
En el medio pasaron muchas cosas. Volví a trabajar con empresas como Fractional CMO, un rol muy estratégico y muy senior, por proyecto. Me mudé de mi departamento en Buenos Aires a una casita cerca de la playa en un bosque. Bajé 35 kilos. Aprendí sobre temas que no tenían nada que ver entre sí. Y seguí buscando la forma de incorporar IA a Monetiza tu Magia.
Mientras tanto, más personas seguían haciendo el programa. Y yo seguía sin encontrar cómo potenciarlo.
Estaba navegando y me llamó la atención un sitio. Algo en la propuesta, en cómo estaba hecho. Busqué más. Lo habían construido con una herramienta que no conocía.
Seguí investigando. Era vibe coding.
Primera vez que escuchaba el término.
Entré, probé, y en ese momento entendí que esto lo cambiaba todo.
Porque de repente tenía en mis manos algo que nunca había tenido: la posibilidad de construir lo que quisiera, yo sola, sin ser programadora.
Y para construir bien, necesitaba exactamente lo que había acumulado en décadas: todo lo que sabía de experiencia de usuario, los cientos de páginas que había armado con no-code, los cursos que armé, lo que había aprendido como Scrum Master, mi criterio de negocios, mi método. Necesitaba mi Magia.
Todo eso que parecía disperso de repente tenía sentido si lo ponía todo junto.
Y ahí nació GabuAI.
En 2 días, ya estaba funcionando, y pensaba y respondía casi como yo.
Es una inteligencia entrenada con mi método, mi criterio y mi forma de acompañar procesos. Desde guiar el trabajo en creencias y mentalidad hasta armar el primer posteo en Instagram.
"Conoce" a cada persona, porque guarda en su memoria el proceso. Puede trabajar en paralelo con muchos coachees, a cualquier hora.
Eso me habilita a mí llegar a mucha más gente. Sin el límite de mis horas. Sin depender de mi agenda. Sin importar si estoy durmiendo, o en el dentista. En cualquier idioma, desde cualquier parte del mundo.
Y lo mejor: no es que porque GabuAI está activa, yo estoy desconectada. Tengo un panel donde veo cómo avanza cada persona, qué frenos encontró, qué descubrió, cómo se siente al terminar cada módulo. GabuAI trabaja con ellos, y yo estoy detrás, acompañando el proceso.
Mis dos mayores limitaciones, el tiempo y el alcance, ya no existen.
La IA es una herramienta maravillosa.
Pero sola no alcanza.
Lo que la hace poderosa es lo que vos le traés: tu experiencia, tu criterio, tu magia acumulada.
Sin eso, produce respuestas genéricas que podrían ser de cualquiera.
Con eso, puede lograr resultados que en otro momento solo parecían sueños.
Yo tardé tres años en encontrar la forma. No porque Monetiza ya no sirviera, no porque no supiera de IA, sino porque necesitaba encontrar una nueva forma de hacer las cosas. La que fuera íntegra, la que tuviera sentido, la que me permitiera dar lo mejor de lo que sé a muchas más personas.
La encontré.
Y si vos todavía estás en esa búsqueda, si necesitás re inventarte, te digo algo: el tiempo que te lleve, no es tiempo perdido. Es el tiempo que necesitabas para llegar con todo lo que sos, con toda la Magia que tenés, lista para entregársela a los demás.