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¿Por qué nos cuesta tanto decir que no?

Llega fin de año y te cargaste de temas. Dijiste que sí a pasar la Navidad en ese lugar que no querías con esos parientes ruidosos. Te comprometiste a preparar ese postre que te sale tan bien y te lleva un montón de tiempo de cocción. Y asumiste la responsabilidad de comprar todos los regalos para la familia de tu marido.

A eso se suma que tenés a los chicos en casa por las vacaciones, que estás en plenos preparativos del próximo viaje familiar, que en tu trabajo tenés el cierre del año y encima sos la que coordina también la reunión de tu equipo. 

Tenés demasiado que hacer, no das abasto, y te das cuenta que tendrías que haber dicho a muchas cosas que no... pero igual dijiste que sí.

Ya no das más.

Y aunque decir sí te hizo sentir bien en el momento, en el largo plazo te pasa factura. Quisieras frenar todo y escaparte a la luna.

Pero si estás sufriendo tanto, entonces, ¿por qué cuesta decir que no?: 

  1. Porque tenemos un "sesgo negativo". Los humanos tendemos a creer que los demás nos van a juzgar peor que lo de que verdad nos juzgan. ¿Qué van a pensar de vos si decís que no?
  2. Porque es lo opuesto a lo que esperan que digas. Cuando te piden algo, del otro lado esperan que digas sí. Siempre tenés la posibilidad de decir que no, claro, pero de alguna manera sentís que psicológicamente el que pide está en una posición de ventaja frente a vos. Si te lo pide, es porque lo necesita. Si te lo pide, es porque asume que le vas a decir que sí. Más aún si tenés un historial de decirle que sí a todo.
  3. Porque decir que sí es más fácil. Sentís que es algo más natural, más positivo, más "buena onda". Decir que sí es algo que va con vos, porque sos una persona positiva, que se preocupa por los demás pero... ¿es lo que vos querés de verdad? ¿estás en posición de hacerlo, dada tu situación actual?
  4. Porque todos dicen que sí. Somos seres gregarios que van en manada. Si todos tus compañeros de trabajo dijeron que van a la fiesta, ¿cómo no vas a ir?
  5. Porque "no está bien" decir que no. Al fin y al cabo, creés que no es políticamente correcto. Sos egoísta si decís que no.
  6. Porque van a pensar que no podés, o que sos débil. Si te dicen tus amigos que saltes y no saltás, es porque no podés. Si te dicen que te van a ascender a una posición que no te interesa y decís no, van a pensar que te da miedo.
  7. Porque vas a defraudar a alguien. Si te dicen que hagas el reporte y ahora no podés porque estás con otras cosas, vas a defraudar a tu jefe. Si te pidieron ese postre riquísimo que te sale tan bien pero te lleva mil horas de preparación y pasás esta vez, vas a defraudar a tu suegra.
  8. Porque vos podés. Sos Superman o Superwoman. Vos podés organizar el viaje familiar, en medio del caos que es tu vida hoy. Vos podés coordinar la reunión de fin de año de tu empresa, aunque en paralelo tenés que supervisar la escenografía del concert de tu hijo. Vos sabés hacer esas cosas, vos valés.
  9. Porque no evaluaste bien el compromiso que implicaba decir que sí. Le prometiste a tu amiga que ibas a ayudarla a adaptar su sitio a tono con la Navidad. Pero resulta que tu amiga es bastante exigente. Lo que habías planeado como un trabajo de 4 horas terminan siendo 40. Y claro, no le dijiste nada a tu amiga sobre extender tanto el plazo, porque bueno, ella es así.
  10. Porque no te van a querer más. Y esta es "la madre" de toda falta de límites. Decir que no es poner un límite, es trazar una raya entre lo que querés y lo que no querés hacer. "No" es una palabrita corta y, sin embargo, tan poderosa. Tenemos un instinto natural de conexión con las demás personas, y sentimos que si ponemos un límite, esa conexión podría perderse. Tenemos un sesgo negativo que nos hace creer que los demás nos van a juzgar peor que lo de que verdad nos juzgan. Pensamos que si decimos que no, se acabó todo, viene el vacío y la muerte civil, nos van a desterrar de sus vidas. EL FIN.

A la ensalada anterior, porque muchas de esas cosas vienen juntas de la mano y todo se mezcla, se suman dos emociones profundamente ligadas a nuestro pre-concepto con respecto a decir no: culpa y vergüenza.

Con este panorama, ¿qué herramientas tenemos para decir que no sin sentirnos unas cucarachas inmundas mientras ponemos un límite?

  • Definí prioridades. Escribilas y transformalas en tus guías para decisiones importantes. Ponete primero en la decisión y manejate desde allí con integridad. Si tus hijos son más importantes que el trabajo, elegí ir al concert y decí que no a la reunión de fin de año porque estás con el concert de los chicos. Es una cuestión de principios.
  • Practicá decir no. Comenzá por lugares donde te sientas menos incómodo. Empezá diciendo no en la fila del supermercado. ¿Por qué esperar eternamente, si te llevó menos tiempo comprar que pagar? No a que te den esos tomates pasados. No a tomarte el café frío. Pequeños pasos sostenidos llevan a mucho tiempo de práctica. Sé conciente de los límites que estás poniendo y observá cómo te sentís cuándo lo hacés y después que lo hacés. ¿Cómo están tus emociones? ¿Cómo lo sentís en el cuerpo?
  • Evalúa consecuencias. Hacé una pausa y preguntate, ¿qué es lo peor que puede pasar si digo que no? Cuestionate todo. Pensá en el escenario posible. ¿Qué vas a sentir? ¿Culpa, vergüenza, ansiedad, desilusión? ¿Vas a poder tolerarlo? Y si creés que no, ¿se justifica decir que sí para no sentir aquello después?
  • Suavizá la respuesta. Investigaciones demuestran que explicar "por qué" (y para esto volvé a ver el punto 1) o sugerir una alternativa posible hace que sea más fácil decir que no, y además genera un contexto positivo. Si no podés ir la fiesta y vas al concert porque tus hijos son prioridad, está bueno que lo expliques así. Si no podés ir a la fiesta pero podés sugerir que en tu lugar vaya tu manager, estás planteando una alternativa.
  • No mientas. Sea lo que sea que digas, decía la verdad. Integridad. Si no podés ser totalmente honesto, respondé sólo que no sin más explicaciones. Mentir te hará sentir peor. 
  • Re-pactá. Si dijiste que sí pero quisiste decir que no, date permiso para re-pactar tu respuesta. Hablá con la persona con la que te comprometiste y explícale los motivos por los que dirás que no. Y pónganse de acuerdo en las nuevas condiciones. Muchos tenemos una creencia limitante que nos lleva a pensar que los compromisos no se pueden romper, que son para siempre, que si dije que sí es sí. Atrevete a desafiarla. La clave está en repactarlos en vez de romperlos. Sobre todo si sabes que no podrás entregar los resultados que esperas porque no darás abasto o no es lo que quieres hacer.

Como dijo Warren Buffet: "Necesitás manejar tu tiempo, y no podés hacerlo si no decís que no. No podés dejar que los demás definan la agenda de tu vida".

Y si todavía son las 3 de la mañana y seguís cocinando ese postre que te sale tan rico pero que te lleva tanto tiempo, ese que te pidió tu suegra y no te animaste a decir que no... recordá que en tu cabeza los demás te juzgan peor que como lo hacés vos misma.

Y que las personas que te quieren bien te van a querer igual.
Aunque digas que no.

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